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Los dioses y los hombres en Sumeria

13 julio, 2020
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Los dioses y los hombres en Sumeria

CARLOS MAZA GOMEZ

✅ Teorías ancestrales relacionadas con los sumerios - | Catrinamagica

Una de las obligaciones del rey, en tanto disfrutaba de una comunicación privilegiada con los dioses, era la de interpretar sus deseos e intenciones. Todo ello no lo hacía de modo directo, ya que no compartía la misma naturaleza que ellos, sino mediante la interpretación de los signos que ofrecían. Estos signos estaban en la naturaleza por cuanto éste era el hogar de los dioses. Había pues que observar señales muy variadas, el movimiento de los astros, alteraciones en el cauce de los ríos, el vuelo de los pájaros, etc. Naturalmente, como pasaba con el culto diario, esta labor no era siempre ejercida por el rey en persona sino que había de delegar estas funciones en un grupo de sacerdotes.

“Al rey mi señor, tu siervo Balasi: saludos al rey mi señor. Que Nabu y

Marduk bendigan al rey mi señor.

En cuanto a lo que el rey escribió, ‘Algo está sucediendo en los cielos: ¿te has

dado cuenta?’. En cuanto a mí respecta mis ojos están fijos. Yo pregunto:

‘¿Qué fenómeno he dejado de ver (o) de comunicar al rey? ¿He dejado de

observar algo que no pertenece a su destino?’. En cuanto a la observación del

sol acerca de lo que el rey mi señor escribió -éste es el mes para observar el

sol, lo vimos dos veces: el 26 de Marheshran (y) el 26 de Kislev, conseguimos

observarlo. De este modo conseguimos observar el sol durante dos meses. En

cuanto a ese eclipse de sol del que habló el rey, no ha habido eclipse. El 27

miraré de nuevo y presentaré (un informe). ¿Para quién teme desgracia el rey

mi señor? No tengo información alguna”. (Frankfort, 1998, p. 275).

La relación de los mesopotámicos con sus dioses está presidida por la incertidumbre. Los dioses no se sujetaban a razón humana alguna y, por tanto, eran difíciles de prever en sus comportamientos. Ello no significa que fueran caprichosos sino que resultaban incomprensibles. La única manera de prever la desgracia que un dios preparaba sobre una persona o un pueblo era mediante la interpretación de signos, la adivinación de los mismos. Si los augurios dictaban que una desgracia caería sobre el país, crecía la incertidumbre. Podía ser que el rey hubiera faltado a alguno de sus deberes ceremoniales pero también podía tratarse de un ataque contra su persona por parte de un dios malintencionado en cuyo caso, la obligación del pueblo era proteger al rey. Se utilizaban en tales casos complicados ceremoniales donde el rey podía ayunar muchos días, o bien celebrarse actos en torno a una estatua real o su manto.

En caso extremo se llegaba a colocar durante cien días un rey “de repuesto” mientras el verdadero se ocultaba. Al cabo de ese tiempo y, con grandes honores, el rey falso era sacrificado a los dioses y el verdadero volvía a tomar los símbolos reales de su mando.

Hay dos aspectos que señalar en esta vertiente social de la relación del mesopotámico con los dioses que ya han sido apuntados líneas arriba. En primer lugar, la interpretación de signos y, en segundo, la protección de las personas ante los ataques de un dios. Respecto a esto último, sólo cabe mencionar la importancia de la magia y los conjuros en la mentalidad oriental antigua por cuanto se sometía a la persona en peligro a complicados rituales. Sin embargo, lo más importante en el estudio presente es la interpretación de signos.

Como se ha comentado, se pueden interpretar signos de la naturaleza. En lo que se refiere a la observación de los astros, ello está en la base de la confección de listas detalladas de los movimientos astrales y en una naciente e importante astronomía. Sin embargo, si la naturaleza no proporciona los signos oportunos ello no significa que un ataque divino no esté en marcha. Debido a esta nueva incertidumbre el mesopotámico era partidario de estimular la producción de signos mediante algunas acciones propias. El procedimiento más conocido era las extispicina o análisis de las vísceras de animales sacrificados en las ofrendas a un dios. De entre ellas el análisis del hígado era la preferida (hepatoscopia):

“Al rey mi señor, tu siervo Adad-shum-usur: Saludos al rey mi señor, que

Nabu y Marduk bendigan al rey mi señor.

Todo está bien por lo que respecta a los dignatarios del palacio posterior. En lo

concerniente a la vesícula biliar de lo que escribió mi señor, ‘¿Está torcida?’.

El firme lóbulo del hígado estaba doblado. La vesícula biliar había caído abajo.

Esta posición no es favorable. Lo que tendría que estar arriba estaba colocado

abajo. Durante dos días un líquido salía (de ahí). Es una buena señal. ¡Anímese

el rey!” (Frankfort, 1998, p. 277).

En todo caso, el sacerdote examina todos estos signos como presagios del peligro que ha de venir. Dada la importancia de los asuntos en juego el examen es muy detallado y comporta la actividad continuada de numerosas generaciones. Así, se encuentran tratados de considerables proporciones, particularmente a lo largo del primer milenio, tanto sobre este análisis de las vísceras como sobre la lecanomancia o interpretación de las formas que dejan las gotas de aceite sobre un tazón de agua, la de los sueños, de considerable importancia, sobre todo si el que soñaba era el rey. Así se fueron redactando listas de grandes proporciones sobre la posición de los astros así como sobre el significado de la misma. Como para las demás técnicas, los resultados siempre se presentaban bajo la fórmula “Si…, entonces…” que no representa una relación de causalidad entre una cosa y otra, desde luego, sino una relación de signo y significado.

“Si el día tercero (se observa) una penumbra lunar por ambos lados: los reyes

permanecerán lejos.

Si (la penumbra) se hace visible tres veces seguidas mes por mes: habrá nubes,

caerá la lluvia.

Si una estrella cae el día treinta: el rey no conseguirá atrapar a su enemigo”.

(Sanmartín y Serrano, 1998, p. 95).



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