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​A la masonería le preocupa Fátima

31 julio, 2020
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Masonería

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Sr. Director:

La cuarta aparición de Fátima que debía celebrarse como las anteriores, según había pedido Nuestra Señora, a los tres pastorcillos dos de los cuales son santos, Francisco y Jacinta, su Prima Lucía con el proceso de beatificación, el 13 de agosto, pero las fuerzas oscuras y reaccionarias políticas e ideológicas gobernaban en Portugal en aquellos días jacobinos y republicanos, con la intención de acabar con la Iglesia católica en Portugal. Ya en el Siglo XVIII lo había intentado el máximo representante de la masonería, el marqués de Pombal, quien no solo expulsó a los Jesuitas de Portugal por motivos políticos y económicos, camuflados en toda clase de mentiras morales, pastorales y teológicas. Este tenebroso personaje convenció al monarca español borbón Carlos III para que decretara la persecución y el exilio de los Jesuitas también de España, como así sucedió.

Los corifeos modernos masones de Pombal durante las apariciones idearon todo un programa para reprimir como fuera, aquel movimiento de Fátima que minaba la raíz su política contra la Iglesia católica. Todo valía: periódicos, revistas, panfletos, mítines, violencias, despotismo, ataques criminales, persecuciones programadas en las logias masónicas. Había que hacer creer a todo el mundo que lo de Fátima era una invención de los Jesuitas para mantener a la gente sencilla en la ignorancia y en la superstición.

Lo primero que había que tratar era descalificar a los niños pastores. Porque: ¿qué se podía esperar de unas criaturas rudas, analfabetas, incultas, simples, tímidas como las ovejas que pastoreaban? Había que conseguir de todas las maneras que se desdijeran de toda aquella invención de la Señora y negaran lo que les había comunicado. Todo era un intolerable ridículo. Un segundo paso sería aislarlos de sus padres y conocidos. Más aún, se les atraería con toda clase de artimañas y regalos para en lugar de la mentira e impostura confesaran la verdad, es decir que toda era una burda patraña como pensaba las autoridades políticas de Lisboa. Había que elegir a una autoridad de confianza para que ejecutase este meditado y estudiado plan, que para ellos era la pesadilla de Fátima.   Pese a las tretas infernales masónicas la aparición del 13 de agosto, aconteció cuando quiso Nuestra Señora, el 19 del mismo mes. Si nada pudieron los prepotentes enemigos de la Iglesia de entonces, tan poco podrán ahora, pese a las tenebrosas campañas contra los sacerdotes que no cesan ni cesarán por muchos perdones y reconocimientos públicos que formulen los  obispos, cardenales y el mismo Santo Padre por los abusos de algunos clérigos cuy número real nada tiene que ver con los que publica un diario español, que se ha constituido en portavoz oficial de la ética con su presunta y nunca probada superioridad intelectual y moral.



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