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Covid-19: Se hacen complots a la medida

14 febrero, 2021
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Masonería

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Los datos del desastre. A mediados de enero 2021, los números de la pandemia arrojaban 91 millones de casos, 50 millones de personas que se han recuperado y poco menos de 2 millones de muertes. Por supuesto, creer en estos datos es un acto de fe, considerando la cifra negra que distintos especialistas en todo el mundo calculan entre tres y 11 veces superior a los datos oficiales.

Habrá que agregar una obviedad aritmética. Sumando los casos activos, los de personas recuperadas y las fallecidas, el virus ha afectado a 152 millones de personas, para ser precisos.

Considerando que la población mundial ronda las 7 mil 684 millones de personas, la pandemia ha impactado, de lleno, a poco menos del 2 por ciento de todos los habitantes del planeta, en forma de enfermedad, en un año.

Será complicado identificar el porcentaje de la población mundial que ha sido afectado en su bolsillo al quedarse sin ingreso porque su fuente de trabajo cerró temporalmente, en el mejor de los casos. Qué decir de quienes han sido enviados a la calle porque no pueden pagar el alquiler o la hipoteca.

Países enteros viven del turismo y son innumerables los destinos que dependen de congresos y convenciones para poder atender a su población. A lo anterior habrá que sumar a cientos de millones de personas que forzosamente deben desarrollar su trabajo en la calle, lo que los inutiliza a la hora de intentar el home office.

En un giro inesperado, hasta los médicos han sido afectados, y no sólo el ejército blanco que lucha contra el virus en la primera línea. Son docenas las especialidades que se quedaron sin pacientes porque tendrán que esperar en casa sus padecimientos.

Tan sólo hay que pensar en los psicólogos y los psiquiatras que han tenido que arreglárselas para atender pacientes por videollamadas cuando hay esa posibilidad. Los entusiastas de la tecnología le llaman telemedicina.

Los que se enfocan en la persona hablan de alejamiento del paciente. Confortar a quien está herido en su psique empleando palabras a distancia no parece ser un triunfo a favor del enfermo por parte de la medicina actual. Es lo que hay.

En este revoltijo de catástrofes, una pregunta se repite en docenas de lenguas y nadie tiene la respuesta. ¿De dónde salió esta enfermedad? Los epidemiólogos le llaman “enfermedad X” a aquel padecimiento que puede llegar y devastar a la población sin que haya sido identificada aún: Así, ¿cómo llegó la enfermedad “X” del 2020?

Los verdaderos especialistas miran, permanentemente, hacia China y se mueven entre dos hipótesis aún imposibles de comprobar. La migración del virus de un animal hacia un primer ser humano y el perfeccionamiento de un virus hasta llegar a lo que se le llama, coloquialmente, Covid-19.

Faltan años para encontrar el verdadero origen, considerando que no pocos de los que fueron encontrando el rastro del virus han muerto, ya sea por haber desarrollado la enfermedad o porque algo les ocurrió apenas comenzaron a hablar.

A continuación van las tres teorías dominantes en la opinión pública que a su leal saber y entender identifican no sólo al generador del virus, sino los intereses que se encuentran detrás del mismo.

Como podrá verse, dos se derrumban a la hora que el sentido común hace acto de presencia; otra sí hace arquear las cejas porque es menos thriller y más análisis geopolítico.

Cada quien tiene su complot, podría decirse.

 

El Nuevo Orden Mundial (NOM)

Este término se refiere a la construcción de un solo gobierno global del que dependan todos los Jefes de Estado y de Gobierno del mundo en forma burocrática; esto es, en una cadena de jerarquías.

El término comenzó a emplearse a principios de los años 80 del siglo XX y se masificó velozmente a raíz de los acuerdos multilaterales de Libre Comercio que fueron cobrando fuerza por los cambios en los poderes de Estados Unidos y China, así como de la construcción de la Unión Europea.

Pronto salieron toda clase de personajes que se hicieron investigadores en el tema y fueron descubriendo reuniones en las que, según ellos se iban generando los planes para dominar al mundo. Tales encuentros se reconocieron como Grupo Bilderberg, en honor al hotel suizo en el que se celebraron por vez primera.

Daniel Estulin se hizo famoso por sus dos obras sobre el tema y luego se dio a la tarea de perfeccionar sus investigaciones, sin embargo, su trabajo comenzó a hacer agua cuando hubo distintos pronunciamientos por parte de los propios integrantes de ese grupo, que llegaron a abrir su propio portal web y hasta apuntaron sus listas de asistentes.

Con todo, salió un pequeño grupo de periodistas y fotógrafos que en una especie de paparazzi se convirtió para retratar a cuanto banquero, industrial y aristócrata se encontraron en el camino. Ya fallecido, James Tucker fue el pionero en andar cazando conspiradores mundiales.

 

Los brazos del NOM

En cuestión de años, el Nuevo Orden Mundial cobró forma en tres organizaciones. Los Bilderberg, la Comisión Trilateral y el Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos. El complot no funcionó demasiado bien. En la Trilateral hay hasta mexicanos, como Jaime Serra Puche y Herminio Blanco, sin olvidar al finado dueño de Cemex, Lorenzo Zambrano.

De acuerdo a cientos de personas, el Nuevo Orden Mundial requería eliminar a millones de personas y establecer nuevas reglas de convivencia social, por lo que el distanciamiento y el confinamiento para combatir al Covid-19 son invenciones de tales conspiradores.

Si esto fuera tomado en serio caben dos especulaciones.

El genocidio no funcionó muy bien o el NOM inventará otras enfermedades para lograrlo. Quien tenga la edad apropiada encontrará que esta historia es asombrosamente parecida a lo que se dijo del VIH en los años 80, pero hay otro grupo que hace palidecer a los integrantes del Nuevo Orden Mundial, ya que éstos sí se volaron la barda para tener el control del mundo. Diseñaron un chip que se inyecta en cada vacuna, lo que permitirá que todos los seres humanos que reciban el biológico sean controlados a distancia.

Tal grupo de avanzada lo lidera William Gates, el dueño de Microsoft. El colectivo en comento se llama “Criptarquía del Nuevo Orden Mundial”.

 

La Criptarquía

En este sentido, caben en dicho grupo todos los dueños de empresas de alta tecnología. Ahí aparece Bill Gates, quien es algo así como el principal líder del grupo y que inventó el chip que controla a las personas.

Por supuesto, nadie de los investigadores -no especialistas universitarios, sino influencers que pululan en Facebook- ha logrado informar si el chip viene adentro de la vacuna y cómo le hace para sobrevivir a los 70 grados bajo cero en los que se guardan los biológicos de Pfizer, por ejemplo.

Tampoco se ha explicado si los fabricantes de jeringas son los que colocan el chip, aunque ya hay opinadores en Facebook que juran que el artilugio se encuentra en la aguja y no en el émbolo o en el producto.

En una de esas, hasta Altos Hornos de México o Ternium forman parte del complot porque las agujas son de acero.

El caso es que Gates no sólo es uno de los hombres más poderosos e influyentes en la historia de la humanidad; es el Anticristo. Y por ello ha montado todo lo anterior para tomar el control de la mayoría de los seres humanos.

También hay que agregar que Mark Zuckerberg, dueño de Facebook, y Jeff Bezos, dueño de Amazon, forman parte de la Criptarquía, pero falta la mejor parte; todos son masones que dependen de una comisión que rige sus actos y cuyo líder es desconocido, pero se especula que forma parte de la dinastía Rothschild.

Por supuesto, opinadores de todos los tamaños se han encargado de engordar el caldo de la Criptarquía. Ahí están varios artistas que en sus redes sociales dicen con medida seriedad que nadie debe usar cubrebocas porque eso coarta sus libertades o que el confinamiento permitirá controlar a la población sin disparar un tiro.

Tanto Facebook como Twitter han ido avanzando con lentitud para cerrar el paso a esos pronunciamientos, dado que el problema no es que algún artista aburrido quiera obtener un millón de likes a sus ocurrencias, sino que mucha gente lo crea y se produzcan muertes innecesarias, además de absurdas, morir por una leyenda urbana.

 

El caos chino

Ya establecidos en la seriedad, hay una teoría que no forma parte de la imaginación de Dan Brown y que, lamentablemente, sí tiene visos de certeza, que al ejército de China se le escapó de las manos el control de un virus en estudio, el que produce Covid-19.

En términos de esta hipótesis, no hay forma de saber si el virus es un arma biológica o fue tomado de algún animal y estaba siendo sometido a estudio. Éstas serían las dos posibilidades de cómo llegó a manos del ejército chino.

Cada una de esas hipótesis tiene su propia explicación del por qué salió al mundo entero el virus. La primera es que fue probada en alguna población de las inmediaciones de Wuhan, supuestamente en un ambiente contenido y controlado, pero algo salió mal y se dispersó mucho más rápido de lo que se esperaba.

La segunda explicación es que manos anónimas se encargaron de la dispersión del virus, ya sea para generar un sismo adentro del intrincado aparato militar de ese país o para intentar un movimiento que desestabilizara al régimen actual.

Queda claro que pasará mucho tiempo para saber realmente qué ocurrió, considerando que dos de los principales oferentes de vacunas son chinos y que seguramente tendrán mayores elementos para producir sus biológicos que el resto del mundo.

Mientras tanto, y más allá de lo que realmente ocurrió, el mundo ya no será el mismo.

Hemos perdido amigos y familiares. Es un costo que no se podrá olvidar más allá de mitos y verdades a medias.

 

 

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Facebook: Fernando Alberto Crisanto

 

 





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