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El simbolismo de los viajes iniciáticos

23 octubre, 2022
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Este camino se inicia al abrirse para el neófto la puerta del Templo ubicada al Oeste, símbolo de oscuridad. Él ignora a qué experiencias lo admite esa puerta; más aún, se le introduce en ella con los ojos vendados para indicarle la gran oscuridad que caracteriza la etapa inicial de las experiencias por las que ha de atravesar.

Para la masonería estas experiencias derivan de la estructura y la constitución del hombre y del universo, y de acuerdo con ciertas leyes que rigen el proceso creativo y evolutivo. Son, además, universales y aplicables a todos los hombres: con base en ello no es viable cuestionarlas sino asumir esas leyes inmanentes y sa-car provecho de las experiencias para la superación personal y de la hermandad.

En el mismo sentido, los tropiezos que se cometen en la vida son consecuencia del estado de oscuridad en el que vive el neófito, previo a su iniciación. El candidato, en este caso el Viajero, intuye que la puerta iniciática, de alguna manera o de otra, conduce a la luz, y que ésta se encuentra en el punto opuesto donde él está, en el Oriente, rumbo fundamental para la simbología masónica.
El órgano visual en este camino no es la vista ocular, sino la mente. Es por esto que durante la ceremonia se le cubren los ojos al candidato, buscando que aguce su intuición y se concentre, sin distracciones visuales, en el cúmulo de mensajes que va recibiendo durante el ritual. Otro significado oculto de que el candidato vaya con los ojos cubiertos, consiste en que se asume que la ceguera no es real, superar la oscuridad depende sólo de él, a través de la búsqueda de la luz, de la evolución de su etapa iniciática.

Otro aspecto digno de destacar, en el Rito de Iniciación Masónica, estriba en que sin perder el rumbo que finalmente conducirá al iniciado a su objetivo final, debe fijarse metas inmediatas y consecutivas, ir escalando peldaños. De ahí los tres grados definidos tradicionalmente en la Masonería: Aprendiz, Compañero y Maestro están esbozados en la primera iniciación a través de los tres viajes que el neófito realiza en ella. Éstos se realizan en forma circular, parten y terminan entre las columnas ya mencionadas para indicar el punto de síntesis al que es indispensable llegar en cada ciclo evolutivo. Son viajes simbólicos a través de la vida de todo hombre. Durante el transcurso de estos viajes simbólicos, tal como ocurre en la vida, el neófito camina tanteando el terreno y tropezando con obstáculos hasta que culmina el tercer viaje, mo- mento en el que alcanza la luz y cae la venda que cubre sus ojos. De la misma manera, al candidato se le puede guiar para que oriente sus pasos pero no se le puede obligar a ir por un camino o cargarlo para llevarlo por una deter- minada senda. La culminación de sus viajes debe alcanzarla con su propio esfuerzo y nivel de conciencia.


El primer viaje es por aire, porque en él está implicado el aliento de vida necesario para iniciar el camino y la nueva vida a la cual está naciendo el iniciado. El periplo se desenvuelve en el plano físico e involucra las actividades del cuerpo vital y físico. Durante esta etapa el viajero se halla sumido en el mate- rialismo y las satisfacciones materiales y lo dominan sus apetitos y su egolatría. Su meta, al final de este viaje, es llegar al punto de síntesis o armonía entre los opuestos. Esto lo consigue a través de la integración de su personalidad y culmina al encontrar al Segundo Vigilante, el cual representa la naturaleza material del individuo.
El segundo viaje es por agua porque simboliza la naturaleza emocional. Es una etapa que se caracteriza por la lucha para dominar y controlar las emociones —propias del ser humano—, y que generan grandes luchas internas. Este recorrido finalmente conduce al caminante al sitial del Primer Vigilante, Hermano participante del ceremonial quien, al igual que el Segundo Vigilante, ayudará al candidato a librar los obstáculos que se le van presentando en el ritual.
El tercer viaje es por fuego, el cual simboliza la naturaleza mental. En esta etapa el peregrino, tras consumirse en un fuego sagrado, resucita a una nueva vida, espiritualizado y liberado de sus limitaciones, habiendo escalado las tres gradas al trono del espíritu o ser supremo entre los Hermanos, representado éste por el Venerable Maestro de la Logia.
Cae la venda de los ojos. Entonces todo se ilumina en el Templo, en un sentido individual y colectivo. Aquí terminan los viajes del iniciado habiendo alcanzado simbólicamente su objetivo. Una vez que ha caído la venda de sus ojos, el candidato se da cuenta que estos viajes que se le hicieron intermina- bles y llenos de obstáculos, en realidad se realizaron en un reducido espacio, simbolizando ello que los caminos que debe recorrer están en el ámbito contenido por su propio ser, y dentro de él la luz que buscó con tanto ahínco; su cuerpo, de forma integral, es en sí mismo una Logia.


El iniciado se percata entonces que realizó sus recorridos sobre un piso cuyo diseño recuerda un tablero de ajedrez, en el que los cuadros blancos y negros simbolizan los pares opuestos, el bien y el mal, condición que el Hermano debe mantener bajo sus pies, controlados, ubicándose él en un plano superior, sere- no, equilibrado y en armonía en todo momento