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Juramento y secreto masónico

24 octubre, 2022
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De los antiguos albañiles (maçons) de la Edad Media se conservaron los ritos de iniciación, y entre ellos el famoso juramento y secreto que tanto ha dado que hablar a los que se han ocupado de la masonería. Las características de los juramentos exigidos en las logias de Londres, Berna, Ámsterdam, Roma… coinciden en su formulación. Estos juramentos contienen explícitamente aquellas cosas a las que se someten. Propiamente dicho no son otra cosa que una promesa revestida de formalidades, que no la hacen ni más terrible, ni más sólida, sino que solemniza su prestación con un aspecto teatral destinado a grabar un recuerdo permanente que impida su no cumplimiento.

La fórmula del juramento

Según un Catecismo de la Francmasonería de Berna del año 1740 dice así: “Prometo bajo mi palabra de honor no revelar jamás los secretos de los masones y de la masonería que me van a ser comunicados bajo el sello del arte. Prometo no esculpirlos, ni grabarlos, ni pintarlos o escribirlos sobre ningún objeto. Además prometo jamás hablar nada contra la religión, ni contra el Estado, ayudar a socorrer a mis hermanos en sus necesidades y según todo mi poder. Si faltare a mi promesa, consiento en que me sea arrancada la lengua, cortada la garganta, atravesado el corazón de parte a parte, quemado mi cuerpo y mis cenizas arrojadas al viento para que no quede ya nada mío sobre la tierra, y el horror de mi crimen sirva para intimidar a los traidores que fueran tentados de imitarme. Que Dios sea en mi ayuda”

Juramentos Masones

Más o menos de este tenor son también los juramentos utilizados por los masones españoles a comienzos del siglo XIX, y que se conservan en el archivo de palacio entre los papeles reservados de Fernando VII. Aquí la nota dominante, aparte las clásicas fórmulas conminatorias finales, es la expresa y reiterativa declaración de fidelidad al Rey y a la religión: “Además juro que siempre seré fiel súbdito del Rey y de la Constitución establecida en mi país, nunca permitiendo ni moviendo controversias, disputas, ni cuestiones sobre asuntos políticos ni religiosos dentro de la logia.

Pues desde ahora conozco que son muy ajenas y contra el espíritu y esencia de la verdadera masonería, siendo su único fin establecer la sana moral, cultivar las ciencias, ser justo y benéfico y caritativo en cuanto permitan mis circunstancias, y sobre todo sostener los sagrados derechos del Rey y ser obediente a los mandatos del Gobierno y preceptos de mi religión”.

Las terribles amenazas con que se conmina al perjuro -muestra evidente, para muchos, de la gravedad del secreto y de los fines de la masonería- en realidad no son otra cosa que la fórmula del juramento exigido por las leyes inglesas de los siglos XVII y XVIII, donde se amenaza al perjuro con las penas destinadas al culpable de alta traición, es decir, el arrancarle y quemarle las entrañas y el arrojarle al mar, a “la distancia de un cable, allá donde el flujo y el reflujo pasan dos veces en veinticuatro horas”. Fórmula que todavía se utilizaba en el siglo XIX, al igual que el lord-alcalde de Londres, en el siglo XXI, también lleva en las grandes solemnidades la misma peluca que sus antepasados de los siglos XVII y XVIII